Empresarios los hay de todos los tipos. Inteligentes, creativos, revolucionarios, con limitaciones intelectuales, chapuceros, malencarados con sus trabajadores, líderes natos que mentalizan para que te dejes la piel, decididos a consensuar proyectos disparatados con toda la población pitiusa… Y luego, además, existen malechores con traje y corbata, que se pasan por el arco del triunfo hasta el último artículo de la legislación vigente.

Uno de estos especímenes carente de moral o escrúpulos es el empresario catalán afincado en Eivissa Fernando Ferré Cardó, al que la Justicia acaba de condenar a 7 años de cárcel y 22 millones de euros, una vez que sus abogados han pactado con la Fiscalía una rebaja enorme de la pena original, que ascendía a 81 años y un puñado más de millones.

Fernando Ferré apareció esta semana por los juzgados apoyado en una muleta y, según cuentan, se puso a interpretar el papel de anciano desvalido y corto de entendederas, incapaz de asimilar lo que sucedía a su alrededor. Durante la breve vista, en la que Ferré acabó aceptando la sentencia consensuada, este plusmarquista mundial de la doble contabilidad exageró tanto su papel de víctima que acabó sacando a la juez de sus casillas.

En poco más de una década, Ferré Cardó se convirtió en el mayor hotelero de Eivissa, llegando a gestionar más de 70 hoteles y bloques de apartamentos a través de su cadena, el Grupo Playa Sol (GPS). Todas las temporadas, más de 300.000 turistas pernoctaban en sus establecimientos, en los que trabajaban más de mil empleados. La mayor parte de ellos eran extranjeros ilegales, a los que pagaba unos 300 euros al mes en dinero negro. Eran reclutados en los países del este de Europa, trabajaban dieciséis horas al día sin librar, no eran dados de alta en la Seguridad Social y dormían hacinados en sótanos y azoteas, en condiciones lamentables.

Cuenta también la prensa que Ferré Cardó incluso llegó a tener un pequeño harén de empleadas de GPS, con las que rubricaba contratos de amistad y amor, a cambio, eso sí, de sueldos más sustanciales. En su casa trabajaban incansablemente tres interventores chinos que se ocupaban de la doble contabilidad de los hoteles. Ferré, asimismo, disponía de cientos de empresas tapadera, con las que logró evitar el fisco hasta que fue detenido en 2010. Nunca pagó impuestos ni IVA, pese a que los investigadores estiman que debería haber tributado cerca de 4 millones de euros al año.

Lo sorprendente no es la catadura moral del personaje, que se especializó en hoteles lo mismo que podría haberse decantado por el tráfico de armas o de sustancias ilegales. Lo increíble es que las autoridades que supuestamente deberían ejercer un control sobre estas prácticas abusivas no le pararon los pies a tiempo. Y eso que toda Eivissa sabía de sobra lo que se cocía en los antros de Playa Sol.

Hay que lamentar profundamente el maltrato a los trabajadores, a los que prácticamente esclavizó, y los pufos dejados a tantos y tantos proveedores. Pero también hay que acordarse de los varios millones de turistas que viajaron ilusionados a un supuesto paraíso y, en muchos casos, acabaron topándose con unas instalaciones tercermundistas, un trato lamentable y a saber qué otras tropelías. Esperemos que el teatrillo del Alzheimer aderezado de cojera de Ferré no surta el efecto deseado y acabe él también disfrutando de unas vacaciones pagadas a la sombra, en un complejo a la altura de los que él regentaba.

Artículo publicado en el diario Última Hora Ibiza

2 Responses to “Filibusteros con corbata”

  1. La última invasión de Ibiza es la de estos corsarios, esquilmadores. Tunos de profesión. Su escudo, la comisión, la maleta del silencio y …al abordaje…. para forrarse se conocen todos los desvíos, pero cuando se ven ante la Justicia,-los pocos que caen al hotel cinco estrellas, digo, cinco barrotes , o cinco barras y estrellas – se hacen carcamales y amnésicos cojos de pata de pirata,, tuertos de sordera visible…y pobrecitos lamentables…
    ¡¡¡qué lástima dan…!!
    La pena es lo que dices Xescu, que era voz populi, la de este truhan y la de muchísimos que no van al banquillo y todos sabemos quienes son y quiénes se lo permiten. Eso es lo peor.
    Lo digo muchas veces , en Ibiza es la ley del poder. y no el poder de la Ley. no es una frase tonta, meditemosla.
    Si en Ibiza los hoteles de dueños no corruptos, fueran negros, se diría que es la isla blanca… la isla blanca
    No quiero ser profunda por aquí no deja de llover…

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  2. Y cuando llegó el momento a nadie le interesó cerrar…

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