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En las películas de James Bond, los villanos más siniestros y diabólicos pertenecían a una organización secreta llamada Spectra, acrónimo de “Sociedad Permanente Ejecutiva de Contraespionaje, Terrorismo, Rebelión y Aniquilamiento”. Su objetivo era dominar el mundo y el día que no trataban de provocar una guerra nuclear se dedicaban a arrojar acólitos a los tiburones. Su logotipo era un pulpo y su jefe un individuo de nombre rimbombante, Ernst Stavro Blofeld, también conocido como ‘Número 1’, que se pasaba las películas perpetrando planes maléficos y acariciando el lomo blanco de su gato persa. El día que por fin le vimos el rostro no defraudó a nadie: calvo como una bola de billar –entonces el cráneo rasurado no era tan popular como ahora–, mirada despiadada y una fea cicatriz que le cruzaba el rostro desde la frente hasta el mentón.

Neil Hodgson, por el contrario, tiene nombre aburrido y aspecto anodino: el típico cincuentón británico –trajeado, alopécico y gafapasta–, con poco glamour. Sin embargo, es el vicepresidente ejecutivo de la multinacional Spectrum que, tras el conato fallido de la compañía Cairn Energy, también pretende lanzarse a realizar prospecciones petrolíferas en nuestra costa. Que alguien bautice a una empresa con un nombre tan evocador de maldades y complots tiene bemoles, pero, visto lo visto, se ajusta a su personalidad como un guante.

El vicepresidente de Spectrum –no sabemos si acrónimo de “Sociedad de Prospecciones Ejemplares de Combustibles con Taladro y Radiaciones de Ultrasonidos en el Mediterráneo”–, se ha erigido estos días en candidato a villano mayor de la sociedad pitiusa, en competencia directa con los imanes que supuestamente predican el yihadismo entre los niños y la esperpéntica Paquita Sánchez Ordóñez, anfitriona de ‘Casa Lola’.

Habrá que ver cómo acaba el asunto de la mezquita de Sant Antoni, pero resulta inconcebible que el presunto radicalismo de dos individuos acabe salpicando a toda la comunidad musulmana, por la que muchos ibicencos sentimos verdadero aprecio. Sin embargo, superar a la energúmena marbellí sí que constituye un auténtico reto. En cuanto ha salido de la cárcel, ha proseguido su particular cruzada de hormigón, ampliando chalets y construyendo piscinas a diestro y siniestro donde antaño había un precinto policial. Sobrecoge el pavor que le inspiran las autoridades josepines. Sugiero recuperar al policía local que pillaron trabajando a las órdenes de esos mafiosos traficantes de armas detenidos en Caló d’en Real. Es de suponer que durante su inmersión en el hampa aprendería tácticas más convincentes y aplicables a Doña Paquita y su clan de pijos sin escrúpulos.

El vicepresidente Hodgson ha vuelto a labrarse un hueco en las páginas de la prensa pitiusa, después de dejar plantados a los cuatro presidentes de los consells de Balears, los alcaldes de todos los ayuntamientos de Ibiza y los representantes de la Alianza Mar Blava. Este individuo se había mostrado partidario de mantener un encuentro institucional para explicar su proyecto prospectivo. Sin embargo, en cuanto ha recibido la invitación, no sólo ha preferido menospreciar a nuestras autoridades, sino que además les ha recriminado que hayan tardado un año en responder a su ofrecimiento. De paso, ha aprovechado para expresar sus expectativas de que el nuevo Gobierno central retome las campañas sísmicas y apruebe los trabajos exploratorios planeados por su compañía.

Pese a la actitud chulesca del tal Hodgson, no parece probable que sus expectativas se vayan a hacer realidad. Quien era su mayor baluarte, el dimitido ministro Soria, ya no forma parte del ejecutivo y parece improbable que un gobierno en minoría pueda llevar adelante un proyecto en contra de toda la sociedad pitiusa y los informes negativos del Ministerio de Medio Ambiente.

Por maligno que nos resulte el vicepresidente de Spectrum, tenga o no gato de angora, parece imposible que pueda solventar tantos movimientos en contra como los que se han generado y reproducirán si la coyuntura lo exige. Yo le aconsejo al señor Hodgson que, si tanto anhela sus ansiadas prospecciones, ponga en práctica la siguiente jugada maestra: abrir sede social en el archipiélago en ‘Casa Lola’ y nombrar máxima ejecutiva de Balears a Paquita Sánchez Ordóñez. Una vez proclamada, ya puede enviar a la isla los artilugios perforadores y los bártulos de las ondas sísmicas. Luego Paquita ya se encargará de taladrar todo lo taladrable y radiar lo que sea menester. Mientras tanto, nosotros procuraremos impedírselo mandando a los municipales.

Artículo publicado en las páginas de Opinión de Diario de Ibiza

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