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Sigo sin dar crédito. En medio de la tormenta política perfecta, con olas gigantescas y remolinos azotando sin piedad el casco de la nave del PP de Eivissa, el presidente del Consell se permitió decir por dos veces que se había actuado “de manera rápida y eficiente”. Los políticos, a los ciudadanos, siguen considerándonos imbéciles.

Serra, insultado y vilipendiado por los suyos a través de WhatsApp y otros medios analógicos que no han quedado registrados, presumió de eficacia en el mismo instante en que aterrizó, procedente de Mallorca, el presidente Bauzá. A éste no le quedó más remedio que acudir a apagar el incendio y poner por fin en su sitio a la cuadrilla de colegiales que hasta hace unos días gobernaba Vila. Y no hay nada que le siente peor a un ibicenco que ver cómo tienen que venir de Mallorca a poner orden.

Hay que reconocer el grado de complejidad que requiere solventar una crisis de esta magnitud, pero es de dominio público que difícilmente puede hacerse peor. La primera contradicción fue reprender a Lina Sansano por airear trapos sucios y vejaciones. Sus compañeros de gobierno la llamaban “payesa”, entre otras lindezas, condición que por cierto comparten muchos votantes del PP. Lo paradójico es que Serra había utilizado la misma táctica el día antes con Enrique Fajarnés, a quien sólo faltó calificarle de vago y maleante. Por cierto, la hija del diputado es una de las que ahora han tenido que sacarle las castañas del fuego. Las vueltas que da la vida en una semana…

El siguiente tropiezo fue vender la piel del oso antes de cazarlo –el oso se llama Mar Sánchez–. Y, a continuación, la peor decisión de todas: no descabezar de un plumazo, como sí hizo Bauzá al día siguiente, a los cuatro jinetes de este apocalipsis político. Serra incluso se propuso nombrar alcalde a Rai Prats, uno de los principales conspiradores en su contra y joven Maquiavelo sin experiencia ni capacidad, según le definen en su propio partido. Para rizar el rizo, se dedicó a encabronar al PREF, de quien depende para gobernar.

Esta concatenación de errores y de falta de reflejos resulta cuanto menos inesperada, ya que en los últimos tiempos Serra había hecho alarde de cierta determinación. Su resolución de la crisis de los abominables folletos turísticos de Sant Antoni es un buen ejemplo, al igual que la postura frente al despropósito de Matthias Khün en Tagomago o el delirante proyecto de los Matutes en Sa Conillera.

La cruda realidad es que la crisis de Vila ha traspasado las fronteras municipales y deja un reguero de cadáveres políticos a su paso. Cualquier personaje con el más leve tufo a grupo popular de Vila, puede dar por concluida su vida política. Marienna Sánchez-Jáuregui, no lo olvidemos, tuvo que dimitir por ‘regalar’ el dinero de los contribuyentes a un grupo de prensa afín. Su vuelta al ruedo resulta inconcebible, al igual que la de Lina Sansano, asqueada de la política, según ella misma ha declarado.

Los del grupito de WhatsApp, aún peor. ¿Se imagina alguien a Pilar Marí, Rai Prats, Joan Mayans o Alejandro Marí engrosando aunque sea las listas electorales de una comunidad de vecinos? Incluso hemos tenido oportunidad de tomar nota de la catadura moral de personajes de otros partidos, como el concejal Nacho Rodrigo (PREF), que se descalifica a sí mismo al usar términos como “japuta”, por muy privado que sea el entorno donde los vomite.

A ellos hay que sumar tropiezos anteriores, como los de la alcaldesa de Sant Antoni y su equipo, tras el fiasco de los folletos, los tejemanejes del Mercadona y otras decepciones. Añadamos también a Vicent Serra, ahora en la cuerda floja, por mucho que al final haya captado a una prometedora candidata a alcaldesa. La legión interna de enemigos, que aguardaba agazapada, empieza a sacar pecho…

Hace tres años, el PP conquistó todos los feudos de Eivissa. Ahora únicamente se van salvando los municipios de Sant Josep, Santa Eulària y Sant Joan, aunque este último sudará tinta con la polémica de Benirràs. Argumentan que es un trance imposible de solventar sin arruinar al Ayuntamiento, pero la realidad es que los ciudadanos están hartos de excusas frente a tanto abuso especulativo.

Ya se verá qué ocurre también con Bauzá, consciente de que sin un PP fuerte en Eivissa, no puede mantener Balears. Por eso, su visita a la isla se tradujo en un fuerte tirón de orejas a Serra, al que dejó como un incapaz. Lo peor de todo, más allá de la política, es el daño que se ha hecho a la imagen de Eivissa en todo el país y la desconfianza generada entre los ciudadanos.

Artículo publicado en Diario de Ibiza

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