El empresario Abel Matutes está empeñado en llevar adelante su proyecto de abrir un hotel de lujo en el faro de Sa Conillera. Ahora anuncia su intención de hacer una consulta ciudadana para ver qué opinan al respecto los ibicencos, cual Artur Mas en pro de la independencia catalana, aunque en su caso para defensa del business particular.
Al hotelero le bastaría acceder al portal de Internet de este periódico para encontrarse con una encuesta que responde exactamente a esta misma cuestión. Además le saldría gratis, circunstancia que a buen seguro valora. Claro que los resultados, por el momento, están muy lejos de darle la razón: 31% a favor del hotel en Sa Conillera, 69% en contra. Lógicamente, esta consulta no le conviene al señor Matutes, que obviamente querrá otra más acorde a sus intereses, por mucho que pretenda consensuar los detalles técnicos con el presidente del Consell para “garantizar” su supuesta objetividad. Hace mucho que los ciudadanos escuchamos resultados dispares para preguntas idénticas. Cuando conviene, los encuestadores hacen trajes a medida. En cualquier caso, Vicent Serra ya le ha contestado que los negocios privados no se someten a referéndum.
En todo caso, si hubiese que hacer una encuesta por cada asunto que afecta a Eivissa y Formentera, los pitiusos nos pasaríamos la vida contestando preguntas: ¿Quieren ustedes un Mercadona en Sant Antoni? ¿Qué les parece un campo de golf en Platja d’en Bossa? ¿Cómo valora el proyecto de reforma del puerto de Eivissa? ¿Gris marengo o verde pino para las nuevas farolas?
Si el empresario, al contrario de lo que sugieren las autoridades que por ahora se han pronunciado al respecto, está tan convencido de que su proyecto de hotel en Sa Conillera es viable desde el punto de vista legal, que siga adelante y ya se verá cómo acaba resolviéndose el asunto. Pero no parece lógico que pretenda involucrar a toda Eivissa para justificar sus negocios ni que quiera escudarse en consultas ciudadanas que bendigan una idea contraria a la política de protección medioambiental que se propugna desde hace años. Ya hay una encuesta en este periódico y su resultado es rotundo. Y cualquier ibicenco habría predicho unas cifras similares, sin temor a equivocarse en exceso.
Empresas como la del señor Matutes se definen como abanderadas de la innovación y la creatividad en la industria turística. Sus proyectos son efectivamente grandes negocios que atraen más público a la isla y a un nuevo perfil de turista: nuevos ricos que invierten en sus vacaciones cantidades industriales de dinero pero que, sin embargo, se dejan arrastrar fácilmente por las corrientes de la moda y mañana pueden optar por cualquier otro destino sin echar la vista atrás. Este modelo, además, entra en conflicto con lo que le interesa al buen cliente de toda la vida, que viene a tomar el sol, comerse un bullit de peix y no soporta las playas con dj’s ni la artificiosidad de tanto reservado y zona VIP. Se parece demasiado al ocio que se ve obligado a soportar cuando regresa a los cuarteles de invierno.
Desde el punto de vista de un grupo empresarial tan potente, es comprensible tratar de extraer todo el jugo a Eivissa mientras se pueda, pero resulta inadecuado disfrazar sus pretensiones de interés general. Que ahora se quiera reconvertir Sa Conillera en islote-hotel privado cuando los ibicencos hemos asumido que ni siquiera podemos desembarcar en él, resulta de lo más contradictorio. Pero, si efectivamente fuera legal, que se tramite sin involucrar al resto del mundo.
Artículo publicado en el diario Última Hora Ibiza